martes, 28 de septiembre de 2010

El Trabajo del Mar



sábado, 18 de septiembre de 2010

Las invasiones lingüísticas














He leído, con (falsa) consternación, que durante este verano se repitió el curioso fenómeno por el cual algunos jóvenes muy brillantes mueren cayendo desde los balcones de sus hoteles en el intento genial de tirarse a la piscina. 'Balconing', le han nombrado los periódicos. Mis reacciones a noticias como ésta son diferentes. En primer lugar me pregunto por qué se sigue insistiendo en la procreación cuando es obvio que nuestra especie ya ha dado todo lo que podía. Quiero decir, los signos de la decadencia son muchos. El ser humano está cansado de la hegemonía planetaria. Tenemos que admitir honestamente y con serenidad que los milenios pasan para todos, y que, después de la rueda, de la penicilina y del gazpacho, el empuje propulsor de la humanidad se ha agotado. Ahora parece claro que ha llegado el momento de pasar el testigo a los mapaches, o a las palomas, o a cualquiera que sólo tenga algo más de sentido común.

Pero lo que más me molesta de todo este asunto es el mal gusto morfo-semántico de nuestros tiempos. ¿Cómo se puede aceptar pasivamente, con un simple encogimiento de hombros, que nos dispararen violencias lingüísticas como la de balconing? Entiendo las dificultades de definir con una sola palabra una acción que resume sola toda la parábola menguante de la raza humana. Sin embargo, algo mejor se habría podido encontrar. Por lo menos, intentar mudar el enfoque semántico desde el medio, el balcón, al concepto, la imbecilidad. Tal vez ‘imbeciling’ habría sido más apropiado. También para los padres: debe ser bastante humillante un certificado de ‘muerte por balconing.

En realidad no soy tan ortodoxo como parece respecto al tema del desarrollo del lenguaje. Es cierto que me encanta presumir de un buen dominio lexical y de vez en cuando desenterrar del cementerio de las palabras algún artículo antiguo. Pero mi único objetivo es impresionar narcisisticamente a mis interlocutores, y no defender el statu quo lingüístico. Sería una lucha perdida antes de empezar y yo, afortunadamente, no sufro del mito romántico de la derrota.

Sin duda puedo decir de estar en contra de la apertura imprudente e indiscriminada de las fronteras. Siempre es bueno mantener algún guarda, armado o no. Algún segurata que revise el pasaporte de las palabras extranjeras, realice pequeñas investigaciones sobre las familias de proveniencia, verifique que no tengan intención de robar el trabajo (y las mujeres…) a ‘nuestras’ palabras, las cuales aún están ahí, olvidadas o en el paro, tal vez un poco flojas, pero todavía potencialmente muy útiles. Simplemente hay que creer en ellas, darles confianza. Sin embargo, al mismo tiempo debemos demostrarnos abiertos a las nuevas ideas.

La contribución innegable de los que provienen de una cultura diferente puede enriquecer nuestra sociedad, mostrarnos mundos que no imaginábamos y abrirnos nuevas posibilidades. Hay que ser tolerante con los ‘neologismos buenos’, los que nos aportan algo realmente nuevo, que no habíamos podido ver. El racismo lingüístico es signo de miedo y debilidad. Debemos tener el valor de admitir que el lenguaje cambia, no empeora ni mejora, sino que simplemente muda, dependiendo de quién lo utiliza y del medio con el cual se propaga. El 3 diciembre de 1992 fue enviado el primer sms de la historia. Actualmente se mandan casi 7.000 millones al día. Al móvil se ha añadido Internet, con la difusión del correo electrónico y de las redes sociales. La red es una fuente de neologismos, acrónimos y anglicismos maravillosos que buscan a un ‘ciberpueblo’ que les ame y que no les juzgue sólo por el color de sus letras. De hecho, me parece extraordinario que finalmente se sepa cómo definir el concepto de “madre atractiva de nuestro mejor amigo, a la que la plena madurez ha donado un encanto y un sex-appeal (palabra inmigrante ya plenamente integrada en nuestra sociedad) que avergonzaría a las mayoría de las veinteañeras aulladoras de nuestros días”. Ya no hay más dudas o innecesarios despilfarros de palabras. Amigo mío, ¡tu madre es una hermosa MILF!

No hay mucho que hacer. La digitalización ha substituido a la grafía y las teclas de las que disponemos cada vez se hacen más pequeñas. Ganarán ellos. Y con razón. Incluso los que ahora consideramos errores, si son capaces de hacerse un hueco en la práctica, se volverán norma y no hay por qué desesperarse. Así es como nacen las nuevas palabras: desde el error, el malentendido, el deslizamiento de significado. La escritura se está oralizando y esto conlleva una nueva dimensión de inmediatez, aceptación del error, predominio de la síntesis y de la simplificación, e inclusión de los aspectos afectivos (entonación en la oralidad, emoticones en la escritura). No es un drama. O, más bien, no es este el drama. De hecho, si existe un problema, es el empobrecimiento cultural, que no está vinculado a los medios de comunicación. Si la política se simplifica, si se rebajan las inversiones en las escuelas, si la sociedad viene orientada hacia un consumo de bienes que no prevé formas de consumo cultural, luego no es pensable culpar a los sms si la gente ya no piensa. El anacronismo es un error que ya no nos podemos permitir. Los cambios culturales y sociales se han acelerado demasiado para resistirse

Ni siquiera se puede hipotetizar la acción normativa de un organismo superior para la tutela del idioma. Una intervención de la Real Academia Española (Rae) sobre el lenguaje del chat tendría tanto éxito como una de la Academia de Cine sobre la grabación de escenas con el móvil. Por ejemplo, la Rae propone decir ‘bitácora’ en lugar de ‘blog’ y ya ven el caso que le hacen… Si habrá alguien dispuesto a luchar para defender ‘bitacora’ le admiraré por el valor, pero que no se espere ninguna ayuda por mi parte. No merece la pena.

En resumen, se debería intentar no arrugar la nariz y demonstrarse tolerantes. La razón está en el bando de quien acepta el cambio. De lo contrario se corre el riesgo de acabar como el Vaticano, que hace unos años inauguró el primer y único cajero automático en latín: Inserito scidulam quaeso ut faciundam cognoscas rationem. Eso sí que es ser capaz de mantenerse firme ante el paso de los tiempos.

martes, 31 de agosto de 2010

Las Formas del Agua













En otra vida he sido organizador de eventos. Entre otras cosas, he aprendido a temer a la lluvia, a odiar a los actores de teatro y a discutir con gran diplomacia con los tutores del orden llamados a hacer que se respeten los horarios de ejecución. Una de las cosas que más impactan a los extranjeros de paso en tierra ibérica es el descaro de los horarios. Durante este mes de agosto tuve la oportunidad de visitar algunos pueblos españoles (no hago distinciones entre las comunidades autónomas, afortunadamente soy extranjero y se me concede una cierta inocencia política), donde a menudo he tropezado con las varias Fiestas Mayores. Admito que todavía no me he acostumbrado a la idea que un concierto de plaza pueda terminar a las cinco de la madrugada, sin que se manifieste una carga policial o, por lo menos, una viejecita desquiciada armada de bolso volteante e imprecaciones que ennegrecerían el cielo. En cambio, aquí es normal. Como es normal que en las cuatro esquinas del país surja un coro espontáneo, el mismo, que celebra el abuso de alcohol. Que no es ningún juicio moral, nada más faltaría, solo un curioso dato sociológico.


Además de la general propensión a la fiesta (y a la bebida) del pueblo ibérico, este año también tuve la oportunidad de comprobar cinco diferentes modalidades de fruición del agua, un elemento que considero magnífico. Ciertamente más fascinante que tierra y aire y más amistoso que el fuego (a menos de no haberse encontrado en Sumatra en la Navidad de 2004, por supuesto). Como explicaba el escritor inglés Nick Hornby en su novela 'Alta fidelidad', a menudo yo también hago el ejercicio de elaborar clasificaciones un poco sobre todo. Mis películas favoritas, mis maneras favoritas de suicidarse, mis favoritos luchadores de sumo y demás. En cuanto a las modalidades de fruición del agua, en el primer lugar tiene que encontrarse el mar. Puede que sea banal, pero es como decir que para comer una buena paella hay que ir a Valencia. Si quieres agua en su mejor versión, pues, al mar no hay quién le gane. Soy más de roca que de arena. Precisamente por ser un fundamentalista del agua. Entre yo y ella no quiero ninguna mediación, mientras que la playa crea una tierra media en la que casi todas las comodidades de la vida terrena están todavía disponibles. La roca esta posibilidad no te la concede. En segundo lugar, novedad absoluta de este año, el río. El cañón para ser exactos. Experimentado en el Prepirineo aragonés. Ha sido un descubrimiento. Siempre lo había desairado. La extensión en sentido longitudinal me parecía un límite. El caso es que al agua también asocio el concepto de horizonte amplio. El río, en cambio, más aún que el lago representa una restricción del campo visual. El agua aparece de repente, es casi una emboscada. Se esconde y vuelve a aparecer después de unas cuantas curvas. También he aprendido a apreciar un cierto 'faquirismo fluvial'. De hecho, es todo muy difícil. El acceso laborioso, el agua helada, la sombra mucho más presente que el sol. Precisamente todas estas dificultades, será por una educación católica a la mística del sufrimiento innecesario, me lo hacen atractivo. El lago es de un aburrimiento mortal. Sé que muchos se rebelarán en contra de eso, pero para mí no hay historias. El lago aburre. El tema es que a veces este es el objetivo: aburrirse. Olvidarse de las horas y cristalizarse en una postal en la que todo es más o menos inmóvil. Así que el agua ya no es una hipótesis de baño, si no uno de los elementos, el protagonista, de la pintura. Es un poco como ir de vacaciones al campo. No es ni carne ni pescado. Es optar por no elegir y disfrutar de la parálisis. En el último lugar de mi clasificación tengo que poner la piscina. Se trata por supuesto de una postura esnob. De un esnobismo de última generación. El mismo del senderismo, de la comida orgánica y de las bayas del Goji, para que nos entendamos. A parte, hay que distinguir entre piscina privada y pública, ya que la dimensión "bañera llena de extraños de dudosa higiene personal" resulta obviamente un factor clave para la impopularidad de esta solución acuosa. A mí la gente, en general, no me entusiasma. Lo sé, lo digo abiertamente y asumo las consecuencias todos los días como un perfecto samurái. De modo que la piscina, aliñada con una vinagreta a bases de cremas solares y cloro en cantidades urticantes para aniquilar el meado de la humanidad más variada, pues, no es para mí.


Lógicamente, no puedo negar que la piscina privada posea su encanto, pero para mí es poco más que el de una buena ducha, y, de todas formas, será siempre secundario y dependiente de la idea de hogar. De hecho, una de mis fijaciones recurrentes es la fascinación hacia las casas, especialmente aquellas que se lucen en la primera línea del mar. Cuando visito ciudades marítimas no puedo dejar de pensar en la casa que me gustaría poseer en la orilla. En este sentido soy muy burgués del siglo XX y muy poco ambientalista del siglo XXI. Tal vez porque nunca tuve algo así y siempre lo he envidiado, de todas maneras debo admitir que mis tetrágonas certezas de clase y el encanto de la revolución proletaria desvanecen frente a una cocina con vista al mar. Cambiaría mi copia autógrafa de El Capital por una buena hipoteca marítima. Me seduce la idea del 'buen retiro', donde comunicarme con el mundo únicamente a través del servicio de mensajería de gaviotas y atunes amaestrados.


Recientemente, mientras duermo el sueño de los justos, me aparece en sueños el pintor Salvador Dalí. Discutimos de esto y aquello y a menudo tampoco entiendo lo que me dice, el maestro tiene fuertes problemas de coherencia lexical, tal vez debería señalarle un buen logopeda. No pocas veces llegamos a tirarnos en la cara huevos y relojes blandos. Además, no hace otra cosa que hablar de su esposa rusa. Es que tiene una fijación. Él sabe que me enojo cuando saca su idioteces sobre el régimen. Ni siquiera se las cree de verdad, pero le encanta provocar. A menudo los genios oblicuos son así. Sin embargo, estamos totalmente de acuerdo en que no hay nada mejor que una casa en el mar. Ni siquiera un museo que lleve tu nombre en la plaza de tu pueblo natal. Por el amor de Dios, claro que me gustaría. Mi madre estaría muy orgullosa, pero como una casa en el mar no hay nada.

sábado, 17 de julio de 2010

(Mi) Inteligencia


















Entre las miles de obsesiones que me rebotan en la cabeza, hay algunas que me ayudan a dormirme. Vivimos en una sociedad demasiado desarrollada en términos de relaciones y avances técnicos como para conformarse contando unas absurdas ovejas que saltan una valla. Tengo un amigo que para dormirse intenta individuar la manera con la que el Imperio Romano habría podido salvarse de la invasión de los bárbaros y de las blanduras que debilitaban su gran cuerpo. A mi, que no poseo una mente estratégica, pero que si se me da bien el análisis, me relaja tratar de definir el concepto de inteligencia.

En realidad, soy consciente de como todas mis conjeturas sean del todo instrumentales a la confirmación de lo que creo ser mi forma particular de inteligencia. Es decir, elaboro teorías con el único propósito de confortar mi patológica necesidad de considerarme una persona inteligente. Si yo fuera azul, diría que para ser inteligente hay que ser azul. Como nunca he sido uno de esos tipos cuya belleza les abre todas las puertas, siempre he defendido con vigor mi supuesta brillantez intelectual. Los abusones del cole podían burlarse de mis gafas o del aparato para los dientes, sin que me afectara, en cambio, me volvía feroz si se atrevían a cuestionar mi inteligencia.

Los años que pasan, es sabido, ofrecen a los ex-pringados la oportunidad para una fácil venganza, porque, mientras la belleza se desvanece o, en general, pierde algo de su poder de influencia, la inteligencia a menudo adquiere con el tiempo la estima y el respeto de las personas. Más aún que el aspecto físico, la agilidad mental te permite marcar una diferencia entre ti (que todo sabes y comprendes) y los otros, guapos cuanto quieran, pero, en falta de neuronas, no aptos para la supervivencia en la jungla social. Y aquí llegamos al punto: el considerarme inteligente me sirve principalmente para cultivar mi naturaleza de esnob, o sea, sentirme sin razón alguna mejor que los demás y, sobre todo, librado de la necesidad de demostrarlo. Puede parecer fácil, pero ser un esnob es muy cansado. Requiere un trabajo constante. Para empezar hay que saber mover muy bien las cejas, y, luego, es esencial estar bien entrenados para nunca quedarse sorprendidos o, por lo menos, para que no se note:

- ¿Has visto, querido?
- ¿Qué, querida?
- El niño está levitando en el salón y la cabeza le da vueltas vertiginosamente y unos ratones amarillos le están bailando alrededor pronunciando fórmulas sagradas en armenio.
- Suele pasar. ¿Me pasas el periódico, por favor?

No poseo otras calidades de excelencia. Nada de dinero, nada de físico estatuario, ni tampoco habilidades prácticas, concretas o aunque sólo útiles. Únicamente una indeterminada reputación de persona inteligente, por la mayoría alimentada por mi madre... Por esta razón es tan fundamental llegar a la definición de un concepto lo más posible hecho a mi medida.

Talleyrand
, que ciertamente no fue un santo, prefería los delincuentes a los idiotas, porque, dijo, al menos los primeros de vez en cuando descansan. Estoy de acuerdo con él. Creo que la estupidez, y más aún la ignorancia, son el verdadero mal de nuestro tiempo. Un tiempo en que todos los estímulos y los métodos de alcance de la cultura (no necesariamente concebida como un conjunto de libros polvorientos o de debates sobre el noúmeno realizados por viejos pelucones) son ultra acelerados, tienen una mecha corta, se consuman y se olvidan al instante. Esto me lleva a creer que la mente de los contemporáneos se esté formando con un déficit importante en la capacidad de atención, que es la base de lo que personalmente considero el humus de la inteligencia: la memoria.

Para mí, la receta de la inteligencia consiste en: intuición (15%), capacidad de adaptación (20%), constancia (15%), memoria (50%). De modo que es evidente que en el proceso de formación de las capacidades intelectuales, considero más importante el contexto social y la vida misma que la genética. La constancia, por ejemplo, es hija del carácter, porque para mí la inteligencia debe tener también una aplicación práctica para definirse como tal (aunque sepa que esto no depone en mi favor...). Para que todos estos ingredientes se puedan cocinar juntos, sin embargo, es esencial desarrollar la capacidad de atención, la que podría definirse como el horno de cocción. El problema es que, en la era de la búsqueda por imágenes de Google o del formato videoclip, el umbral de la atención se ha reducido drásticamente. Digamos que al quinto minuto de conversación unilateral (escuchando), ya estamos pensando en otra cosa y seguimos con el piloto automático. Además, la alegre propagación de las drogas psicotrópicas a partir del 1968 (el suplemento satírico del siglo XX), aplastó cualquier esperanza de mejoras en nuestra sociedad. Todo lo contrario de abrir la mente ...
De hecho, cuando los monjes medievales descubrieron los textos de Aristóteles o Confucio, en seguida se dieron cuenta de que nunca podrían llegar a tales niveles de pensamiento, y los intelectuales de la época tuvieron que crear la imagen de los enanos subidos en los hombros de los gigantes. Es decir, no es nada cierto que la sociedad tenga que avanzar hacia el aumento progresivo e inexorable de la inteligencia colectiva. Mañana no será necesariamente mejor que ayer. El nivel de inteligencia general depende de la forma de sociedad en la que se desarrolla. Y la nuestra es una sociedad sin memoria. Él que no recuerda no aprende y quien no aprende no evoluciona.

Ser inteligente significa comprender las conexiones entre las cosas, ponerlas en relación entre ellas. Aprovechar de los propios recuerdos y conocimientos para resolver problemas del presente y del futuro. Por lo tanto, otro ingrediente esencial es la curiosidad. En efecto, esa capacidad de conectar a los elementos disponibles resulta estéril, o por lo menos, poco útil, si los elementos son escasos. Las personas que tengan pocos intereses y una pequeña reserva de conocimientos, vivirán en un pequeño mundo, donde acabarán ocupando la totalidad de su espacio intelectual con sí mismo, que es lo único que conocen. Le faltará capacidad de comparación y probablemente no serán capaces de escuchar y con eso de aprender y, por supuesto, pecarán de egocentrismo. Serán, en suma, como un bebé recién nacido, cuyo universo se limita a sus extremidades.

En preciso ser curiosos para almacenar la mayor cantidad posible de información a través de la capacidad de atención y de la memoria. Luego, con aplicación e intuición, hay que saberse adaptar a las situaciones y aprovechar de los propios conocimientos para solucionar problemas. Bueno, tal vez esta sea mi definición de inteligencia. Ahora ya puedo dormirme.

martes, 6 de julio de 2010

La Muerte













Será el calor, será el Mundial que no procede (para mi...) precisamente como me esperaba, será la subida del Iva, serán todas estas cosas, pero hay días en que uno piensa incluso en la muerte.
Nada grave, no os preocupéis. No me refiero ni al suicidio, ni al asesinato en serie. Tampoco es necesaria una tristeza de ánimo especial. Se puede acabar pensando en la muerte sin más. Tratando de definir un concepto propio, casi como un desafío intelectual.

Me interesan las diferentes reacciones de los sobrevivientes de cara a la pérdida. Hay muchas. Yo, en general, según la poca experiencia que tengo de este asunto, creo de ser uno de los que se preparan con antelación. De los que se acostumbran a la idea de que en cualquier momento pueda pasar lo inevitable, de manera que el trabajo de aceptación del luto se vaya diluyendo en pequeñas dosis diarias, antes de que esto ocurra realmente. Cuándo voy conociendo a una persona, comienzo también un camino paralelo de racionalización del hecho de que, posiblemente, antes o después deba desaparecer de mi vida. Me preparo a lo peor. Presupuesto la pérdida antes de sufrirla para mantener siempre intacta una reserva de capital emocional, que luego me permita no perder totalmente el control. Es una forma contable, bastante rancia, de autodefensa, pero también es muy efectiva. Sin embargo, obviamente, también es un grave impedimento a la hora de comprometerse emocionalmente con las personas, o de disfrutar a fondo de las relaciones. Sobre todo, es una actitud que, inevitablemente, genera remordimientos. Factor que, junto al dolor físico y a la pérdida de la autosuficiencia, representa mi principal inspiración para concretar un concepto abstracto como el de la muerte. En efecto, no consigo temer el fin de todo, como hecho en si. Al no ser religioso y no creyendo en otras vidas más allá de la muerte de la carne, me parece ilógico temer la nada. En cambio, me da miedo la idea de darme cuenta de la llegada del final, por vejez o por enfermedad, y encontrarme revisando una cadena de oportunidades perdidas, malas decisiones o, mucho peor, decisiones no tomadas.

El otro día leí una entrevista en el Times (mentira, la leí traducida en un blog, además ahora muchos de los contenidos de la web del Times se pagan...) en la que el director estadounidense Woody Allen se autodeclaraba, profesionalmente, un fracasado: "He despreciado una oportunidad para que la gente mataría. Tuve libertad artística total. Otros directores no la tienen durante toda su vida. Y yo, con la oportunidad que tuve, he conseguido hacer muy poco. De las cuarenta películas que he hecho, treinta habrían tenido que ser obras maestras, ocho películas muy buenas y dos cosas embarazosas, pero no fue así. Muchas de mis películas son agradables para el nivel general que hay, pero mira a los que lograron hacer cosas maravillosas - Kurosawa, Bergman, Fellini, Buñuel, Truffaut - y luego mira a mis películas. He malgastado una oportunidad y solo puedo culparme a mi mismo".
Es evidente que muchos no opinarían lo mismo que él, pero Allen aprueba sólo seis de sus trabajos y el juicio general sobre su carrera es lapidario: "Llegas a una cierta edad y te das cuenta de que no eres un grande. Cuando eres joven aspiras a serlo, pero, por una razón u otra - la falta de compromiso, de disciplina o simplemente de genio - no puedes conseguirlo. Los años pasan y entonces te das cuenta: soy un mediocre. Hice lo mejor que pude". También es cierto que entre las seis películas salvadas por el director de Manhattan, aparece Vicky Cristina Barcelona (tal vez uno de los mayores desperdicios de celuloide del siglo) y por lo tanto su opinión no parece del todo lúcida. Aún así, entiendo y comparto la frustración que puede resultar de un balance de vida no satisfactorio.

El pésame para lo que no se hizo y los remordimientos para lo que si se hizo, así como las razones para las que vale la pena vivir, son categorías relacionadas con la edad en la que se elaboran. Yo, por ejemplo, con treinta años, aún no he vivido tanto como para haber cometido errores mortales, de modo que, por ejemplo, sigo sufriendo terriblemente para no haber aprendido nunca a tocar (bien) un instrumento musical. Con sesenta años, posiblemente, me parecerá una tontería y tal vez me arrepentiré de no haber tenido hijos o de haberlos tenido... Pero sé, que si muriera mañana, no haber conseguido tocar el órgano como Jimmy Smith me haría sufrir.
La otra noche estuve en un concierto. Excelente música gratuita al aire libre. Había bastante gente, pero no demasiado, lo suficiente para sentirse exclusivos, pero no sectarios. Vestuario cómodo. Algo de viento. Cerveza disponible sin excesiva cola. Posibilidad de sentarse en el césped. Todo muy sencillo. Para mí, ahora, en esta época de mi vida, todavía es una de las cosas para que me parece que valga la pena vivir. Sin embargo, confieso que aún me sorprendo cultivando la insana idea de realizar algo memorable en la vida. Y eso es malo, porque aumenta las expectativas y, en consecuencia, las decepciones en caso de fracaso. De modo que creo que acabaré dando la razón al viejo Woody cuando confiesa: "No quiero alcanzar la inmortalidad a través de mis obras, quiero alcanzarla viviendo para siempre. No me interesa vivir en el corazón de los americanos, prefiero vivir en mi apartamiento".

lunes, 21 de junio de 2010

La Vocación














En la fantasía del mundo del trabajo, ya no existen sólo las tristes y grises categorías de campesino, obrero y profesional, sino toda una selva de posibilidades que se abren ante los jóvenes que cruzan el umbral de la independencia económica en busqueda de su camino.

Entre los puestos de trabajo más amenos con los que me he topado, como frecuentador compulsivo de webs como Infojobs, sin duda merece una mención la de probador de condones. “Se busca probador o probadora de productos Durex”. El conocido fabricante de preservativos buscaba a dos adultos que, después de asistir a las clases online (me imagino que la plataforma de estudio debía de ser YouPorn), completar un cuestionario y pasar una selección, habrían recibido como premio un suministro anual de productos. Cinco mil euros para gastarse en viajes, y la oportunidad de convertirse en consultores de la empresa.

Sin llegar a estas perspectivas profesionales, debo admitir que en mi experiencia personal como vendedor de mi tiempo, he podido enfrentarme a hipótesis de carreras brillantes. Hace unos meses estuve doce horas encerrado en el sótano de un hotel doblando cajas de cartón. En otra ocasión dediqué dos días de mi preciosa vida para cuidar la incolumidad de un coche de Fórmula Uno. Me quedé horas plantado como un guardia real. No se acercó nadie, pero yo y el coche aún nos escribimos. También traté de vender mi pelo a una escuela de peluqueros y me descartaron por caspa. Hice de fotocopiador a destajo y llegué a encarnar al ‘muelehuevos’ que te para por la calle para venderte un paquete de servicios de telefonía. Aguanté dos horas. A la décima palpada a los muslos de mi compañera ocasional, por mano de mi “instructor”, me fui indignado, al sentirme ignorado por el jefe…

En cambio, me he dado cuenta de que tengo una verdadera vocación para la profesión de segurata. Ustedes no me ven, pero les puedo asegurar que no poseo precisamente le fisique du role para el oficio. Sin embargo, trabajé durante cinco meses, con gran éxito y satisfacción, como taquillero-segurata en una lugar nocturno de Barcelona. Tuve que dirimir espinosas batallas étnicas, aplicar delicados ejercicios de psicosociología y resistir heroicamente a flagrantes acosos sexuales (Clienta americana que quiere entrar: “No tengo dinero”. Yo: “Lo siento, no puedo dejarte entrar”. Clienta: “¿Seguro? ¿Que no te mola el sexo oral?”. Yo: “Umm, buff, buffl, ummm, ohh…”. Mi experto colega a mi rescate: “Depende de qué boca”.) Por cierto, también soy el moderador de unos chat de deporte. Yo decido quién puede hablar, quién ya no puede entrar, quién está suspendido. En práctica se trata del mismo oficio. Que, total, es lo que hace también San Pedro. Segurata del Paraíso. Así que, en fin, un oficio bastante prestigioso.

Pero, probablemente, la parte más emocionante de la búsqueda de trabajo siguen siendo las entrevistas. Hace un tiempo me presenté a una selección para estos oficios posmodernos, de los que te explican que tiene mucho que ver con internet, muchísimo con el inglés y bastante con la cara dura. Sin embargo, es prácticamente imposible llegar a saber algo un poco más preciso. Paso la primera selección en agilidad. Me entrevista una chica italiana, que, como siempre, se queda fascinada por mi mirada magnética.

Al respecto, me acuerdo también de una vez en que mandé al carajo un buen trabajo, porque me entrevistó una chica hermosa y lanzó la fatídica pregunta: ¿Cómo te ves de aquí a cinco años? Le contesté con ojos soñadores : “Voy a ser escitor”. ¡Oh-Oh-Oh! “Lo sentimos, chaval, estamos buscando a una persona seria…”. Nunca hay que perder de vista el objetivo: el curro. Y no las sábanas de quién te esté entrevistando.

De todos modos, volvamos al trabajo posmoderno. Tengo que enfrentarme a una segunda prueba, esta vez escrita. Y también la paso de un salto. Así que me convocan para una tercera selección, y ya la cosa me hace enojar. ¿Pero cuántas veces debe ser seleccionado y examinado un pobre hombre para un trabajo de mono y encima mileurista? Bueno, me enfrento a la nueva prueba con mi habitual locuacidad, pero la experiencia en seguida me dice que se trata una de esas formas esotéricas de selección de personal, de las cuales casi nunca salgo ganador. Me ha ocurrido más veces y casi siempre he acabado estropeándolo todo. Esta vez trato de resistir y demostrarme amable. De modo que me trago, como si fueran normales, preguntas como: ¿Cuáles son sus puntos fuertes y débiles? ¿Usted se tiene respeto? ¿Usted se ama? Además del súperclásico: ¿Cómo se ve de aquí a cinco años? Pero esta vez le digo lo que quieren oír: “Me veo aquí, en la empresa, crecido profesionalmente”. ¡Bingo! Ya lo tengo.

Entonces mi entrevistadora me pide que escriba una carta de presentación. Yo, con mucha cortesía, le hago notar que ya había escrito una y que además la veo ahí delante, encima de mi expediente. Sin embargo, me dice que tengo que escribir otra, a mano, porque será examinada por el grafólogo. ¡¿El grafólogo?! Ahora mi cara me delata. Hay cosas a las que mi raciocinio se rebela. Aun así me obligo a escribir dos tonterias (entre éstas, que me gustaría trabajar en la empresa, porque así podría tumbarme en el césped que rodea el edificio durante el almuerzo…). Me despido como todo un caballero y me largo.

El director alemán Werner Herzog se dirigía a los aspirantes a cineastas con estas palabras: “En lugar de asistir a una escuela de cine, salid al mundo real, ir a trabajar como segurata en un sexclub, en un hospital psiquiátrico o en un matadero. Vayan caminando, aprendan idiomas, un oficio o una profesión que no tenga nada que ver con el cine. El cine debe tener en la base una experiencia de vida. Gran parte de lo que aparece en mis películas no es una invención, es la vida misma, mi vida”. Lástima que no tenga ambiciones cinematográficas, porque deduzco que voy por el buen camino, si, entre otras cosas, tampoco conduzco.

martes, 15 de junio de 2010

Perdidos en el Golfo














No se puede permitir al Humo Negro salir de allí. Propagarse, invadir el mundo y causar su destrucción. Hay que reponer el tapón.

Es cierto, por desgracia, que el ingenioso intento de absorción, llevado por salchichas formadas de calcetines de nylon rellenos de cabellos y pelo de animales, generosamente donados por los americanos, no solucionaron el problema. Mejor, mucho mejor, las salchichas sintéticas. ¿Hechas con qué? Pues con petróleo. Quien es causa de su dolor, que se llore a si mismo, podría decirse.

2.400.000 litros por día de Humo Negro están saliendo desde la fosa de Macondo, en el golfo de México, a 1.500 metros de profundidad. Todo rigurosamente televisado en directo mundial gracias a las spill-cams, que registran un audiencia récord. Es normal. De hecho, nos estamos acercando al final de la temporada. Cámara fija y el Humo Negro que sale y se extiende, corrompiendo la naturaleza y el alma. Público absolutamente hipnotizado.

Deepwater Horizon es la estación, creada en 2001 por la (Iniciativa) British Petroleum, que explotó hace dos meses provocando este nuevo fin del mundo. Tal vez habría tenido que volarse con una bomba nuclear. ¿Por qué nadie pensó en la atómica? ¿Dónde están los norcoreanos cuando se necesita una buena idea? En realidad, el asunto se resolvería sólo, si se lograra crear un universo paralelo donde nada de esto hubiera pasado. El incidente del 20 de abril, cuando todo comenzó, no habría ocurrido nunca. Si se pudiera volver atrás en el tiempo, se podría intervenir para prevenir todo esto.


Pero no puede ser. Lo que pasó, pasó. Ahora, lo cierto es que necesitamos a un candidato. Una persona que se sacrifique, baje y reponga el tapón, para que la luz de la vida no se apague y el Humo Negro se quede atrapado en las entrañas de la tierra. ¿Pero quién? Barack Obama ya no tiene la fuerzas para salvarnos de la situación. No puede intervenir directamente. Es necesario que el Elegido encuentre en sí mismo el valor para cumplir con la ingrata tarea.

De mientras, en la superficie, trece barcos constituyen la ridícula flotilla que pretende encarcelar el Humo Negro. No saben que el juego es mucho más grande que ellos.

Todos los que parecían candidatos perfectos, gradualmente han ido perdiéndose. Han sucumbido al Mal. Antes fue la Cúpula de aspiración grande, luego la Cúpula de aspiración pequeña. Todos intentos sin éxito. Así llegó el turno del Tubo, o mejor dicho, el Gran Jeringón, que luchó con valentía contra el enemigo, consiguió contenerle, pero que no pudo resolver la situación. O sea, reponer la tapa.

También se enfrentaron al Humo la sierra con hojas de diamante y las Tijeras Gigantes. Nada. Todos sus nombres fueron tachados inexorablemente uno por uno de la pared de los candidatos.


Incluso Top Kill ha fracasado. No era su destino. Sus cualidades son indiscutibles, pero todos vivimos para cumplir con una tarea única y específica. Sin embargo, Top Kill tuvo el merito enorme de hacernos conocer la falibilidad de hormigón armado. Acabó con un mito. Nos llevó al abismo y estábamos seguros de que él era el Elegido. El nuevo protector de la vida sobre la Tierra. Pero no fue así. Él también se rindió.

Ahora la situación se ha vuelto aún más crítica. Empiezan a hundirse los bastiones costeros. El viento se hace violento. Ésta es tierra de huracanes. El científico Kerry A. Emanuel, profesor del MIT, está convencido de que el petróleo puede tener efectos deletéreos y favorecer la difusión de los huracanes. De hecho, una evaporación inferior del agua, debida a la mancha, podría conducir a una subida de la temperatura del mar. Y más calor que se eleva hacia el cielo podría ampliar los frentes nubosos de los huracanes, con consecuencias poco atractivas. De modo que el Humo Negro se encontrará con valiosos aliados en su camino de huida.

Tal vez, sólo un hombre de buen corazón, tras haber derrotado a sus demonios y aceptado su destino, dejando de lado la racionalidad y cumpliendo un acto de fe, podría aún salvar al mundo. Sacrificándose para dar un sentido a su existencia.

Todavía hay un rayo de esperanza, aunque la situación se haga cada vez más crítica. De todas formas, ¿quién nos asegura que el Humo Negro, detenido en el golfo de México, no acabe encontrando otra salida, digamos, por ejemplo, en un agujero islandés? La lucha en contra del Mal será eterna.


Acabo de aterrizar. El avión esta vez ha bailado un poco. He temido lo peor, aunque, evidentemente, ya había individuado entre los pasajeros el calvo con el parecer más hierático y tranquilizador. En caso de que sobrevivamos, me dije, no me separaré de él. Él sabrá qué hacer. Es una precaución que voy tomando desde hace unos seis años cada vez que vuelo.

Sin embargo, ya pasó. No tengo nada de que preocuparme, a parte de haber tenido uno de los sueños más SEO oriented de los últimos años. La salvación del planeta, en cambio, no está dentro de mi alcance.

martes, 1 de junio de 2010

Malos maestros














Finalmente aquellos egoístas que son los alemanes se han convencido a salvar la pobre Grecia, armando un enorme escudo de miles y miles de millones de fantaeuros, ya sea porque no se entiende muy bien de donde sale este dineral. Tiene pinta de ser un poco como con los carteles que advierten de la presencia de un sistema de cámaras de seguridad para asustar a los ladrones, cuando, en realidad, como mucho dentro podrás atropezar en unas trampas para ratones. A parte, esto de solucionar las deudas endeudándose mucho más, todavía es un mecanismo que me resulta un poco hostil… Que, si no fuera para la piel del Marco… perdón del Euro, mística entidad a la cual, como es notorio, estamos todos muy aficionados, a los amigos del sirtaki posiblemente ya les habríamos dejado navegar a la deriva, hacia una más natural colocación medioriental. Total, la historia nos enseña que es mejor no confiar en los griegos y en sus promisas de rectitud, que todavía en Troya no pueden ver a un caballo.

De todas formas, la desconfianza hacia Grecia es más bien la desconfianza hacia todos los países del Mediterráneo, los así dichos países del Club Med. Sin duda, una denominación más respetuosas que la otra de PIGS, acrónimo, muy eficaz desde el punto de vista semántico, de Portugal, Irlanda, Grecia y España, con el cual los economistas individúan los eslabones débiles de la cadena europea. Evidentemente muchos objetan la falta de una I, la de Italia, como pleno miembro del club de los pícaros cerditos de Eurolandia.

De hecho, es curioso como entre Italia y España, desde hace años, se ha instaurado un singular síndrome del espejo. Si uno goza, el otro llora y viceversa. Mi condición de emigrante (de Italia) e inmigrante (a España), me vuelve testigo privilegiado de este fenómeno. Hace un par de años (en el 2 a.C., o sea, ante Crisis) cuando volvía a Italia, todo el mundo me miraba como, posiblemente, le miraban a Colón cuando volvió de las Américas. Era todo un: “Que suerte que tienes, allí en España si que saben como hacer las cosas, a nosotros ya nos han dejado muy atrás”. Y más: “Qué bien ese Zapatero, allí si que se respetan los derechos humanos, los homosexuales se pueden casar y hasta los monos se tratan con respecto…”. Luego, en tierra ibéricas se me acercaban con el orgullo de quien lleva años esperando que llegue su momento para sacarse las satisfacciones: “Oye, he leído que España ha adelantado a Italia en la clasificación del PIB. ¡Seguro que debe joderte muchísimo!”.

Últimamente, en cambio, vuelvo a Italia y todo el mundo me busca (como si fuera el embajador del Gobierno de Madrid) para soltarme con una sonrisita en la cara: “Aquí la crisis es brutal, pero allí en España lo están pasando peor. Ya no nos dan clases, ¿verdad?”. O también, los más informados: “He leído que en España el paro ha llegado al 20%. Jolín, aquí sólo tenemos el 15”. Es cierto que los dos países lucen virtudes comparables. Por ejemplo, en Italia tenemos las mafias, en España ETA; en Italia inventamos el fascismo, pero en España es donde más duró; en Italia domina la corrupción, en España el PP valenciano; en Italia Berlusconi, en España… pues no, aquí ganamos nosotros, por mucho que Zapatero se empeñe. Y así, como si siguiéramos una guerra entre pobres.

Tal ve habría que dejar las escaramuzas entre vecinos y mirar un poco más allá, hacia problemas y soluciones de tipo cultural, antes que numérico. La impresión es que nos estemos meciendo dentro de un complejo de inferioridad que se retroalimenta de manera recíproca.

Agencias de calificación privadas, como Moody’s o Standards & Poor’s, nos han explicado, hace unos días, que los bonos de estado griegos ya no son más que basura, y que los portugueses, bueno, digamos que están en fase de putrefacción. También han rebajado la nota de solvencia española (pues sí, la misma España del milagro económico, portada de las revistas de economía de los últimos diez años), con consiguiente pánico español y alegría italiana.

Ahora bien, seguir entregando el propio destino y dinero (a menudo la misma cosa) a las profecías disparadas urbi et orbi de las agencias de calificación es, más o menos, como pedir a Freddy Kruger que nos lea un cuento de hadas para dormir. Esos oráculos de Delfos (para seguir con la partitura griega) de la macroeconomía han fallado descaradamente y de manera sistemática todas las previsiones a que se han aventurado en los últimos cinco años (si hubiesen acertado no estaríamos en crisis, me imagino…). Es cierto que los analistas se basan, para juzgar los balances, en datos proporcionados por los estados y las empresas, así que si estos les venden caspa por azúcar, no podrán certificar otra cosa que su dulzura. Sin embargo, se espera que los profesionales posean alguna herramienta más que nosotros para desenmascarar las mentiras de contabilidad de directivos y burócratas. Confiar en ellos puede que satisfaga la necesidad muy humana de encontrar respuestas y culpables. Así, por otra parte, también se explica el éxito global de otras dicotomias imaginativas como las de Dios y Satanás, o del Reich milenario y del complot internacional demoplutocráta, judío y masón.

Para mí, las capacidades creativas de estos camellos de verdades no son inferiores a las de J.R. Tolkien. Lo digo con sincera admiración.

jueves, 20 de mayo de 2010

¿Podrán ovejas y calabacines salvarnos el alma?



















* ¿Que hay para cenar?
* Lomo.
* ¿Y qué más?
* No sé. ¿Hacemos una ensalada?
* Vale. Hay que comer verde.
* Además este mes es mejor si no gastamos mucho, ya sabes.
* Sí, la crisis nos ha enseñado que ser vegetariano es ‘guay’.
* Claro. ¿Descongelo algo para mañana?
* ¿Qué tenemos?
* Lomo.
* Vaya.

La vida, a menudo, se nos resbala de las manos entre un café tomado de pie, el metro (¡¿por qué no te duchas, tío?!), el curro, con el colega que nos cae bien únicamente porque los demás parecen recién llegados de la ciudad de los zombis, la vuelta a casa (¿qué dan por la tele? Nada. ¿Peli o serie? Serie, así me dormiré). Y luego, por las cenas con las parejas amigas (de ella) diciéndonos cosas redichas y poniendo cara de perenne sorpresa, el fin de semana dedicado a las compras que durante la semana nunca tenemos el tiempo de hacer (por favor, ¡qué alguien me explique la diferencia entre Adolf Hitler y el Sr. Ikea!) y la comida de los domingos con la familia (de ella).

La rutina nos da seguridad y es lo primero que se echa en falta después de una separación. Sin embargo, de rutina también se puede morir. Poco a poco, como con la tortura china y la gota de agua en la cabeza. Acaba taladrándote el cerebro. Y eso que el aburrimiento es cosa de personas inteligentes, argumentan los poetas (¿y quiénes somos nosotros para discutir a los poetas?).

También es cierto que en época de apuros económicos resulta más difícil escapar de la monotonía. Es decir, si tuviera mil millones de millones de euros, posiblemente me compraría un avión, desayunaría en París (me encanta el pain au chocolat), almorzaría con un filete de tamaño inmoral en Toscana y por la noche me dedicaría a cenar con los actores del nuevo musical de Broadway, que acabaría de producir.

Sin embargo, hay quien ha decidido huir de la rutina, escapar de la carrera del hámster y volver a plantear su existencia fuera de lo habitual, sin gastarse (casi) un duro. Son los wwoofers, o sea, los hombres y mujeres que se han unido a WWOOF (Willing Workers on Organic Farms). Traducido del inglés: “Trabajadores voluntarios en granjas ecológicas”.

Se trata de una red internacional de granjas donde se promueven los ideales del ecologismo y la vida saludable. Nació en Inglaterra a principios de los años setenta de manos de Sue Coppard, una mujer que se había mudado a Londres y echaba de menos la vida del campo. Y la idea se difundió muy rápido por todo el mundo. En Australia ya existen casi 1.500 granjas wwoof, y en España 220. Cada país tiene su listado publicado en internet donde se pueden encontrar todos los datos y contactos.

La gran mayoría de las granjas son de conducción familiar. Personas que han comprado tierra y se han marchado al campo para montar este negocio ecocompatible, con el fin principal de la subsistencia. En efecto, la idea es vivir de lo que se produce, si bien hay quien ha logrado poner en marcha una pequeña producción destinada a la venta en los circuitos comerciales locales.

Además de los granjeros ‘fundadores’, se ha desarrollado un movimiento de viajeros que dan la vuelta al mundo a través de la red wwoof. De hecho, casi todas las granjas ofrecen hospitalidad a quien quiera echar una mano y probar la experiencia rural. No hay un límite de permanencia, pueden ser tanto dos semanas como un año, y hasta existe la posibilidad de quedarse de por vida. Comida y alojamiento están garantizados gratuitamente a cambio del trabajo en el campo.

Tengo un amigo, Claudio, que al cumplir los cuarenta decidió empezar una nueva vida. La cantidad de trabajos que Claudio había sumado en los últimos diez años era paralelo al número de salmodias coránicas en época del Ramadán. Cambiaba de curro cada tres meses (cuando se encontraba particularmente a gusto). Era tan incapaz de mantener una ocupación fija, como fenómeno en hacerse contratar. Hasta tenía un nombre de batalla: Entrevista man. No había seleccionador de personal que pudiera resistirse a su encanto. Siempre acababa consiguiendo el trabajo y siempre, al cabo de unos días, lo dejaba. Se aburría. Tenía asumido que trabajar sirve únicamente para comer y permitir cultivar tus pasiones, incluso si tu pasión es la de no hacer nada todo el rato. De modo que un día se cansó de ese juego, vendió sus pocas pertenencias y se fue a una granja wwoof de Olaho, en el sur de Portugal.

Desgraciadamente, al cabo de dos meses viviendo en una caravana en medio de los cultivos, huésped del titular holandés de la granja y de su mujer portuguesa, el aburrimiento empezó a asomarse otra vez. Así que cuando para alojar un cable de corriente le encargaron la construcción de un foso mucho más largo de lo necesario ya que, según su anfitriona, la lechuga habría podido sufrir de malas influencias electromagnéticas (los naturistas pueden ser muy singulares), decidió que ya era tiempo de marcharse. Y se fue, a otra granja más al norte en el Algarve, donde, de momento, aguanta. Siempre con la frágil esperanza de no tener que dar la razón a Sócrates, cuando explicaba que no hay que sorprenderse si al viajar acabas aburriéndote de ti mismo, al estar viajando exactamente con la persona de la que querías escapar.

Ello sería un fallo importante, aunque inferior al de terminar un artículo que habla de fuga citando a Sócrates, que, en cambio, no escapó y se tragó la cicuta (biológica, por supuesto).

lunes, 26 de abril de 2010

De los vivos y los muertos














Mala tempora currunt para la Santísima Romana Iglesia. Al acercarse las profecías milenaristas que, por un lado (los Mayas), nos indican el 2012 como fecha para el fin del mundo, y, por el otro (Nostradamus), Joseph Ratzinger como penúltimo papa de la historia, pues hay que quitarse de encima la altivez típica de nosotros intelectuales ateos iluminados y tomar banda en el agón esotérico-espiritual de nuestra época.
Dentro de las infinitas opciones del concurso 'A que vamos a creer hoy', estuve examinando en particular la posibilidad de hacerme fiel al culto del famoso volcán islandés Kekomodemonjiozsellama, pero, finalmente, me he enterado que no me representa más que un romance de verano, igual de lo que me pasó con la Gripe A. De modo que he decidido apostar para organizaciones más estructuradas, principalmente porqué me gusta que mi equipo tenga alguna posibilidad de ganar el partido. Eso de que lo importante es participar, nunca me ha convencido. Así que he eliminado a los católicos, no tanto por el tema de los curas que, entre un Actus Contritionis y un Pateravegloria, de paso meten mano a los niños que andan por ahí, o por eso del Papa que bendice a los lefebvrianos, a pesar de que estos no se acuerden del pequeño detalle del holocausto. Tampoco me incomoda su batalla en contra del uso del preservativo en África. Total, de algo se tiene que morir para acceder al paraíso, que luego pase por sida o por hambre poco importa. Digamos que más bien me he dejado llevar por la actractiva propuesta de los ortodoxos. De hecho, me ha parecido genial esto de que para ellos no exista el purgatorio. O blanco o negro. También no consideran la figura del Papa. Cosa que no está nada mal, sobre todo pensando en los sombreros más raros que le gusta ponerse al actual pontífice alemán. Pero, sobre todo, tengo que reconozer que en mi decisión a favor del 'Cisma de Oriente' ha pesado mi pasión para el queso griego y una incontenible fascinación hacía todo lo que viene de las grandes estepas rusas.
Así que, como para mis nuevos compañeros ortodoxos no existe distinción entre los vivos y los muertos (los muertos simplemente son vivos que viven en paraíso o en el infierno), en el día de nacimiento de un nuevo diario digital como el Europeo, hablaré de un periódico en papel que está demostrando como la prensa escrita no haya (no del todo, aún no) muerto.
Se trata de Il Fatto Quotidiano, un diario italiano nacido hace menos que un año como libre asociación de periodistas, sin editores o dueños, que ha renunciado a las ayudas públicas al sector editorial, para poder representar una voz única de independencia en el oligárquico panorama transalpino. Il Fatto ya vende casi 130.000 copias (efectivas, no de las que se regalan en los aviones...) por día. En un país donde el periódico de más éxito (y 150 años de vida) llega a vender poco más que 500.000. Además algunas de sus firmas se han convertido en ídolos populares dignos de los Beatles.
En una nación donde la fragmentación y la tutela de los intereses particulares a expensas del útil común, son la regla del día a día en todos los campos, il Fatto se propone representar una larga parte de la población que vive en un estado de exiliados en sus propia patria. Personas decepcionadas, resignadas o enfadadas y con una necesidad vital de verdad o, por lo menos, de credibilidad. Gente que, curiosamente, ha formado e va formando su propia conciencia civil en internet, percibido como el único lugar de libertad en la información italiana. Pues, este ejercito de bloggers e internautas ha atacado a los quioscos para comprar un periódico en papel, demostrando como aún siga intacto el valor representativo y de identidad del medio físico.
Hace unas semanas, a la espera de las maletas en el aeropuerto del Prat, tope con un chico que había cogido mi mismo vuelo. Debía tener unos cuarenta años, levaba un rebuscado look post-atómico, típico de Milán. Se me acercó y empezó a hablarme con una complicidad y unas ganas de socializar que no es muy típica de esos perfiles (y menos de mi...). Me comentó vida, muerte e milagros de su entorno, hasta me habló de los problemas de su madre con el administrador de la finca. Y finalmente se me reveló: "Perdona que te de el coñazo, pero he visto que lees Il Fatto, así que sé que eres uno de los nuestros". Efectivamente desde el bolsillo de mi abrigo se asomaba la primera copia del Fatto que hubiese comprado en mi vida, pero ya era uno de los suyos.
Puesto que pantalones de látex y crestas de pelo púrpura milanés no me convienen, quiero desear al Europo que logre crear ese sentido de comunidad que aún (y cada vez menos) el diario de papel es capaz de construir.
Al margen, promito que para el futuro, trataré de no hablar (exclusivamente) de mi desgraciado país. Digamos que nos hemos presentado.

jueves, 10 de diciembre de 2009

El Blues de la Cárcel

El Festival de Blues de Barcelona se estrena con dos conciertos extraordinarios en la cárcel Wad-ras y en el hospital Val d’Hebron



Era el 1969 cuando el folk singer estadounidense Johnny Cash escribía una página que formó época en la historia de la música con un concierto en la cárcel californiana de San Quintín. Ayer, casi cuarenta años después, en la penitenciaría feminina Wad–Ras de Barcelona, las notas han vuelto a superar las barreras de una prisión, en ocasión de la exhibición de la banda plurinacional de swing y jazz Down Home, que ha inaugurado la sexta edición del Festival de Blues de Barcelona.
Por el segundo año consecutivo la kermesse musical ha apostado por una idea comprometida de fiesta, en la que la música pueda llegar a los colectivos sociales más marginados y vulnerables, como es el caso de los presos y de los enfermos hospitalizados, que disfrutarán hoy de una segunda actuación en el Hospital Universitario Vall d’Hebron.
El concierto de Down Home, se ha celebrado en el patio interior de la cárcel, que por las vivaces decoraciones, realizadas por las detenidas mismas, recuerda más una escuela que una prisión. Las internas se han revelado un público muy caliente. Sin tener miedo a la canícula del mediodía, han bailado, cantado y chocado las palmas al ritmo de los clásicos de Louis Prima, disfrutando a pleno de lo swing y boggie del quinteto. Un concierto verdadero en todos los sentidos, con incluso un desmayo debido al bochorno y los inevitables gritos de “¡Otra, otra! “, al acabarse la fiesta.
Silvia Serra, directora de la cárcel, comentaba: “Las chicas se lo merecen. Es fundamental que existan iniciativas como esta, que buscan desde fuera la realidad interior a la cárcel”. Lo mismo opinan los organizadores del Festival, Tomás Lopez y Ricardo Chaure, de la asociación Capibola Blues: “Todos tienen derecho a disfrutar de la cultura y el blues, en particular, siempre ha sido la música de los marginados“.
El Festival del Blues de Barcelona prevé actuaciones todos los días hasta el domingo 14. Tendrán lugar, principalmente, en el Casal de Barri de Prosperitat y en el Polideportivo Valldaura, en el distrito de Nou Barris. La referente de cultura del distrito, comenta: “Es un festival para toda la ciudad, pero no ha perdido la cercanía de barrio”. La intención de los organizadores es diversificar la programación con horarios variados que consientan a un público de todas las edades y exigencias acudir a los eventos. En el ámbito del festival serán también organizadas clases magistrales dictadas por músicos de clara fama, como el virtuoso de la harmónica europea, el francés JJ Milteau.
Todas las actividades del Festival son gratuitas. Lo cual, de manera algo paradójica, impide la financiación por el Ayuntamiento, que necesita un óbolo, aunque simbólico, para contribuir económicamente a la organicación. Sin embargo, los organizadores quieren seguir con esta política, por “el deseo auténtico de acercar la gente a un género musical, el blues, que casi no tiene ciudadanía en los medios”. El festival dispone de una web, www.festivalbluesbarcelona.com , donde se pueden encontrar todas las informaciones necesarias.

martes, 7 de julio de 2009

“En Italia esto es impensable”

Entrevista a Anna Paola Concia, deputada italiana

En el arco iris de colores que adornaba la ceremonia de inauguración de los Eurogames en el Palau San Jordi, resaltaba especialmente el azul de las camisetas de la delegación italiana.
En esa delegación está Anna Paola Concia, 45 años, una parlamentaria elegida por el Partido Demócrata en las últimas elecciones, que ganó la coalición conservadora de Silvio Berlusconi. "Los políticos italianos deberían venir de vacaciones aquí para entender qué significa proyectar el futuro", dice Concia.
La diputada no se corta y luce felicidad y orgullo. Ha sido la abanderada del grupo de 300 italianos que participan en los juegos barceloneses. Lleva una vida en la izquierda italiana luchando por la expansión de los derechos civiles y es la única parlamentaria de su país que, en esta legislatura, ha declarado públicamente su homosexualidad. Para los Eurogames ha vuelto a su primera pasión: el tenis. Participa en las competiciones con su pareja, una mujer alemana que la ha acompañado a Cataluña.
"España nos ha adelantado en todo, porque ha entendido que únicamente se puede crecer apostando por una sociedad inclusiva", explica.
Concia expresa la decepción de muchos italianos con la situación política de su país cuando comenta las palabras del alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, en la inauguración: "Algo extraordinario como esto en Italia ahora es impensable. Es un sueño escuchar a un alcalde hablar de libertad y de igualdad y luego demostrarlo con los hechos".

lunes, 6 de julio de 2009

Por fin vemos la crisis. ¿Y ahora qué?

15/10/2008

Por fin ha llegado. Como el cantautor estadounidense Tom Waits esta misma primavera, la crisis también visita España por primera vez desde hace muchos años. Ya se había confirmado su presencia en Estados Unidos (EEUU) y Europa, pero se van concretando otras plazas importantes: Rusia, India, Japón. Äfrica queda escluida, como siempre, por falta crónica de infraestructuras.

La llegada a Europa y a España de la crisis ha sido precedida, una vez más, por fenómenos de histeria y delirio colectivo. Los más mayores, tal vez, se acuerden de los Beatles. Todas las empresas, grandes y pequeñas, que esperaban una razón ‘oficial’ para restringir los rangos, cerrar el bolsillo y gritar “que se salve quien pueda” ya pueden estar tranquilas. El momento llegó.

Muchos han recordado, durante estos días, las imágenes de la grave crisis de 1929. Directivos que se tiraban de las ventanas de los rascacielos de Nueva York, desesperación y pánico generalizado que dieron lugar al new deal del presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt… “La actual crisis económica se parece mucho a la de 1929; se origina en el mismo país y tiene las mismas raíces: la especulación financiera motivada por el sector inmobiliario”, señala Donato Fernández Navarrete, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

La diferencia, sin embargo, hay que buscarla en que la globalización ofrece a esta nueva crisis económica muchos otros escenarios de actuación. Si el gigante americano vacila, a sus pies existen pilares que pueden evitar su caída, aunque los escombros inevitables arriesgen aplastar, sobre todo, a los demás enanos económicos del planeta.

Es difícil, y tal vez inútil, tratar de individualizar hoy las economías que se verán más perjudicadas. EEUU y Europa ya la sufren, y todo empieza a apuntar en dirección a economías emergentes como Rusia, India o Brasil. China, en cambio, puede contar sobre su poder crediticio hacia la economía estadounidense, una fuerte base productiva y el hecho de no participar en los movimientos financieros especulativos. Así que es muy probable que El Celeste Imperio acreciente su peso en la estructura económica y política mundial, al mismo tiempo que la reduzcan la Unión Europea y los Estados Unidos. Tampoco faltan analistas que piensen que países como Senegal, Guatemala o Camboya seguirán siendo los grandes sacrificados del modelo económico que ahora se pone en cuestión. Poco le afectarán las oscilaciones del Dow Jones o del Nikkei. Sencillamente, seguirán en la miseria.
¿Y España? Parafraseando las palabras del ministro de Economía, Pedro Solbes, la crisis debe ser un incentivo para potenciar un sistema productivo, hacerlo menos dependiente del ladrillo y transformarlo en uno de alta productividad laboral. Poco más se puede decir.
Comparable a 1929 también es el carácter de las medidas adoptadas por los gobiernos, especialmente el de EEUU, para controlar los efectos del fracaso financiero de algunas ‘vacas sagradas’ del mercado mundial. El rescate del banco de inversión Bear Stearns y de los institutos hipotecarios Freddie Mac y Fannie Mae por parte de la Reserva Federal, o el colosal préstamo garantizado a la compañía de seguros AIG, son operaciones de carácter nacionalizador. Por lo tanto, y como no se observaba desde hace años (menos aún en territorio estadounidense), se ha vuelto a retomar la vieja receta keynesiana de fuerte intromisión del Estado en la economía.

Muchos han considerado históricamente el keynesianismo como una respuesta a la crisis de 1929. Y las actuaciones del sector público por el lado de la demanda, juntos con un mayor control y regulación del mercado es la respuesta, una vez más, que escoge occidente para solventar el problema. Después de la crisis de 1973 fue la ideología neoliberal y la desregulación de los mercados quien se impuso en el debate público. Pero esta idea, vista ahora como la responsable última de la actual crisis, ha logrado que la intervención pública en la economía esté de vuelta, y es muy probable que incremente en los próximos años. No hay más que escuchar al presidente de la CEOE, la patronal española, Gerardo Díaz Ferrán: “hay que aparcar el mercado por un tiempo”, de manera que una vez saneado con erario público se vuelva a la “libre concurrencia”.

Pese a la alarma general, también está quien no se inmuta por la ‘crisismanía’. Parte de los expertos opinan que el presente es un ciclo económico más del sistema capitalista. “No existen factores reales, más allá de la propia percepción catastrofista que mantienen algunos analistas, que nos indiquen la existencia de un cambio radical en el modelo de crecimiento. El problema es que tenemos una ‘memoria’ muy corta y los resultados económicos que veníamos registrando en los últimos años nos habían hecho pensar que los ciclos habían desaparecido. Simplemente han vuelto a hacerse patentes y generan periodos de corrección del crecimiento económico”, resalta Julián Pérez, director adjunto del Centro de Predicción Económica (CEPREDE).

Con todo, sigue siendo difícil, por no decir imposible, predecir el futuro. De poder hacerlo es probable que no se hablara de crisis. Ahora, por ejemplo, todo apunta a que las tarjetas de crédito se conviertan en el próximo capítulo del dominó económico y es cierto también que los pudientes de la Silicon Valley ya están trabajando en la creación de una nueva bola especulativa que sostituya la inmobiliaria, la de las energías renovables.

A pesar de esta condición de incertidumbre, Macario Schettino, economista y columnista del diario mexicano El Universal, apuesta fuerte: “me inclino a pensar que [la crisis] será suave y de tres años de duración, por la manera en que se han tomado las decisiones recientes, y por el tamaño de la economía de EEUU”. Pero también los hay pesimistas. Ramón Mahia, profesor de Econometría en la UAM, utiliza un símil docente para subrayar que la actual situación de la economía “es [como] un mal alumno: ahora aprobará en septiembre, pero volverá a suspender el año próximo otra materia, seguro”.

sábado, 4 de julio de 2009

Los italianos se crean en España

Cataluña y todo el Levante español han sido la cuna de lo que algunos han empezado a llamar ‘turismo reproductivo’: realizar aquí un tratamiento de fertilidad para parejas italianas, alemanas e inglesas es más facil que en sus países de origen.


Raffaele y Anna lucen emoción y confianza al salir de la primera consulta médica en el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI), en su sede barcelonesa de Ronda General Mitre: “Buongiorno a tutti. ¡Somos del mismo pueblo de Gattuso!”, exclaman con una sonrisa impresa en la cara.
La sala de espera del centro parece una de las románticas plazas de Venecia. Parejas de todo el mundo que se dispensan cariño, se besan y se cogen con fuerza las manos, como si estuvieran en luna de miel. El italiano es, de largo, el idioma más escuchado y no solo por los pacientes. De hecho, la gran mayoría de los empleados de la clínica, desde el personal de recepción, hasta los medicos, lo habla perfectamente. Además, entre ellos, muchos son nativos de la Bota.
El centro IVI es una de las numerosas clínicas para el tratamiento de la infertilidad aparecidas en España en los últimos quince años. En particular, Cataluña y todo el Levante español han sido la cuna de lo que algunos han empezado a llamar ‘turismo reproductivo’. Solo IVI tiene once institutos en la península y seis en Latinoamérica.
Esta pareja italiana no representa precisamente el arquetipo de los usuarios de estos centros, que, por lo general, pertenecen a clases sociales medio-altas.
Los precios, de hecho, no son para todos los bolsillos: desde 6.000 hasta 9.500 euros, según el tipo de tratamiento.
Él es mecánico; ella, maestra de primera enseñanza. Ninguno de los dos llega a los 30 años y están casados desde hace tres. Son personas sencillas, hablar con un periodista se le resulta extraño, pero la euforia puede más que la timidez. “Mucha gente en Italia aún no sabe que en España se puede tratar la infertilidad de formas que no son posibles en nuestro país”, comenta Raffaele, que explica:
“Nos gustaría mucho poderlo hacer más cerca de casa, porque no somos turistas. Llegamos ayer y mañana ya regresaremos. El trabajo nos espera. Hemos hecho un sacrificio económico para venir hasta aquí”.
Dentro de dos meses, cuando el centro habrá encontrado la donante de óvulos adecuada, ya que los ovocitos se escogen según las características fenotípicas de la paciente para que haya un parecido entre los hijos y las madres, Anna y Raffaele volverán para efectuar el tratamiento. Otras dos noches, no más, en Barcelona, en un hotel muy cerca de la clínica.
Menopausia precoz es el problema de Anna, que afirma: “en casa hemos tenido que decir que nos íbamos a Milán para una feria, porque todavía quedan prejuicios hacia estos tipos de asuntos. Pero yo no tengo ni una duda: el hijo será nuestro al cien por cien, porque crecerá dentro de mí y el material genético es de él”, asegura Anna, agarrando la mano de Raffaele.
Según los datos de IVI, de los 544 ciclos de donación de óvulos efectuados en 2007 en el centro barcelonés, un 80% se ha dirigido a parejas extranjeras, de las cuales casi un 60% son italianas. La incidencia de pacientes foráneos baja (20,3%) para la fertilización in vitro convencional (IVF), técnica difundida y legal en muchos países y vuelve a subir a un 40,6% para los que acuden a los centros españoles para la diagnosis genética de pre-implantación (PGD), prohibida en algunos estados europeos, como Italia, donde no se permite la selección de los embriones de mejor calidad para el implante.
En el Instituto Marqués de Barcelona el aflujo de parejas extranjeras alcanza un 55% del total. El doctor Raúl Olivares, director del programa internacional del centro, explica que existen principalmente tres razones que impulsan a los foráneos a venir a España. En primer lugar, la existencia en sus países de listas de espera muy largas, cosa que ocurre, por ejemplo, en Inglaterra; luego, las prohibiciones legislativas como en Italia y Alemania; y finalmente, una ventaja en términos de precio, como sucede para los estadounidenses. De hecho, el aflujo de parejas extranjeras es tan relevante que un cambio de legislación, en sentido más permisivo, en los demás países europeos, probablemente causaría un problema económico para las clínicas españolas. Aún así, siguen siendo pocos los centros que dispongan en su propio interior de un departamiento de asistencia para el alojamiento de los pacientes. En cambio, algunas clínicas han optado por instaurar convenios con agencias de viaje de la ciudad, que se ocupan de reservar los pasajes y los hoteles para los clientes.

Las diferencias legislativas

La legislación española sobre la materia es una de las más exhaustivas de Europa. Desde 1988 se legisló el tema hasta que en 2006 se acabaron de pulir definitivamente algunos puntos contradictorios.
El doctor Simón Marina, responsable del centro Cefer de Barcelona, es pionero en técnicas de ayuda a la infertilidad y miembro fundador de la Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida (Anacer), que representa a 28 clínicas en toda España, de las cuales 15 se hallan en Levante (IVI no es miembro). Según Marina, el éxito español en este campo se debe a una legislación más liberal que la de los demás países europeos. De hecho, en España únicamente está prohibido seleccionar el género del embrión, sin la presencia de complicaciones médicas, así como el llamado “útero en alquiler”, o sea, la posibilidad de que una mujer que tenga dañado el útero o a la que se lo hayan extirpado, deje portar el embarazo a una mujer acogedora del embrión. Asimismo, explica Marina: “No transigimos con la calidad de los tratamientos, como, en cambio, se hace en el Este de Europa, donde se ofrecen precios muy bajos a cambio de una menor seguridad”.
En otros países europeos, como Alemania o Italia, la normativa es mucho más restrictiva. En Italia la ley del 2004, aprobada por el gobierno de Silvio Berlusconi y cuya abrogación fracasó en un referéndum del 2005, prohíbe la fecundación eteróloga, es decir, aquella en la que haya un donante, de semen o de óvulos, externo a la pareja. Excluye así a las parejas homosexuales y a los solteros. Además, impone la utilización de un máximo de tres óvulos, con el implante inmediato de todos los embriones obtenidos y prohíbe la congelación de los embriones para la investigación. Esto implica la imposibilidad de fecundar in vitro más óvulos, para luego efectuar una preselección (PGD) de los mejores embriones destinados al implante, con riesgos no solamente para la salud del hijo, sino también para la mujer que, al manifestarse complicaciones, no puede interrumpir el tratamiento o, frecuentemente, puede tener que llevar embarazos múltiples.
En el Centro Cefer los transalpinos representan el 25% del total de los pacientes. Según el Dr. Marina, el aflujo de parejas italianas a las clínicas españolas no se debe a un déficit de técnicas, sino de legislación. “La presión del Vaticano sobre el Legislador en Italia es muy fuerte. En España pasa algo parecido, con la poderosa influencia social y cultural de la Opus Dei”, afirma Marina. “He asistido a muchos conflictos entre parejas españolas en donde el deseo de maternidad se enfrentaba a la obediencia a los preceptos religiosos, pero casi siempre he visto ganar el primero”, concluye.

El riesgo del mercado de la donación de óvulos

Mil mujeres jóvenes de diferentes nacionalidades donan anualmente al IVI un material mucho más precioso que la más valiosa de las joyas: sus ovocitos. Eso para que otras mujeres con problemas de fertilidad puedan engendrar un hijo.
Sara, 22 años, vallisoletana, es una universitaria en criminología. Es de complexión delgada, fuma, pero no bebe alcohol. Encarna el perfil típico de una donante, que, por ley, puede tener desde 18 hasta 35 años. Vive y estudia en Barcelona y ha donado ya tres veces. La primera a los 20 y lo hizo sin decírselo a su padre, médico, que estaba en contra. “Me enteré de esta posibilidad por una amiga que tenía problemas de fertilidad”, explica Sara. “La primera vez lo hice por dinero. Luego ya no, porque me di cuenta de que podía ayudar a mujeres menos afortunadas”, asegura persuadida la joven, que casi considera execiva su retribución.
“Ya he convencido a dos amigas para que hagan la donación y creo que en todos los países debería estar permitido”, afirma. Sin embargo, concluye Sara, “pienso que si en el futuro tuviera la necesidad, optaría por la adopción, me parece un problema más urgente”, asegura, manifiestamente orgullosa de haber contribuido, a los 22 años, al nacimiento de tres niños.
En el ámbito de la cura a la infertilidad, sin dudas el tema de la donación de óvulos sigue siendo el más conflictivo.
En España la donación debe ser altruista, gratuita y anónima. En cambio, en Inglaterra, la donante debe ser identificada y puede tener obligaciones legales hacia el nascituro. Lo cual ha provocado una caída en el número de las donantes inglesas y un éxodo de muchas de ellas hacia España.
La ley española del 2006 prohíbe también publicitar contribuciones económicas para la donación. Lo que sí admite es únicamente una retribución que no sobrepase los 1.000 euros, como reembolso por el desgaste físico y temporal de la donante de óvulos (50 euros, en cambio, es la “tarifa” para una donación de semen). La paciente tiene que someterse a un tratamiento de un mes, que comporta la toma casi diaria de medicamentos y algunas limitaciones de las costumbres, como la abstinencia sexual. La larga duración del proceso y la necesidad de un seguimiento médico durante todo el tratamiento hacen que muchas clínicas, pero no todas, rechazen aspirantes donantes extranjeras que no puedan quedarse todo el tiempo necesario en España. La ley impone también un límite de seis hijos obtenidos por el material genético de un mismo donante. Por eso, está previsto realizar un registro nacional que asegure el cumplimento de la norma. Sin embargo, de momento, la falta de un registro permite donar hasta seis veces en una clínica y luego seguir haciéndolo en otros centros. Además, la ley habla de partos efectuados en el territorio español, así que quedan excluidos de la cuenta los hijos nacidos en el extranjero por donaciones efectuadas aquí.
“El riesgo de mercado existe”, explica el Dr. Simón Marina, “porque no todos los centros se atienen a la ley u ofrecen ilegalmente más dinero de lo que está consentido”. “Nosotros nos limitamos a informar, no a publicitar. Se trata de poner las cosas en claro, sin ambigüedad”, afirma Marina.

Ecosocialismo: ¿Futuro o abismo de la izquierda europea?

En todo el continente las formaciones de extrema izquierda se van reorganizando para enfrentarse a los cambios de la sociedad contemporánea.


Los últimos comicios españoles han dejado muchas ‘sandías’ en el campo, evidenciando como a la marea, deriva para algunos, rojo y verde aún quede mucho trabajo para convencer el electorado.
El ecosocialismo es una doctrina política muy popular entre las nuevas generaciones de izquierda. Menos Marx y más Marcuse, se podría decir simplificando.
Michael Löwy, que escribió el Manifiesto Ecosocialista en 2001 y miembro de la cuarta internacional, afirma: “La cuestión ecológica es el gran desafío para una renovación del pensamiento marxista en el XXI siglo. Hay la exigencia de una revisión crítica profunda de la concepción marxista tradicional de las “fuerzas productivas” y una ruptura radical con la ideología del progreso linear y con el paradigma tecnológico y económico de la civilización industrial moderna.”
Paolo Pombeni, profesor de historia de los sistemas políticos europeos en la Universidad de Bolonia, expresa sus dudas con respecto a la utilidad de esta estrategia: “La atención por el medio ambiente ya es un componente de todas las fuerzas políticas. De manera que las formaciones de extrema izquierda utilizan este argumento en una versión “utópica”, que nunca podrá convencer a un ancho estrato de ciudadanos.”
La gran mayoría de las formaciones políticas de extrema izquierda occidentales han tratado en los últimos años de marcar su propia identidad y distinguirse de los partidos de matriz socialdemócrata, para garantizar su supervivencia y no ser engullidas por sistemas que tiendan inexorablemente al bipartidismo. Indicativa de esta preocupación fue la evocación por parte de Izquierda Unida (IU) y de su aleado catalán, Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), en las elecciones del marzo 2008, al “voto de corazón” en lugar del “voto útil”, representado y pedido explícitamente por el PP y el PSOE. La fuerza del PSOE obligó Llamazares a actuar mediante estrategias de diferenciación, como por ejemplo la valoración de su aspecto ecologista y “movimientista”. De hecho, IU ha abandonado progresivamente las posturas poscomunistas en favor de un horizonte común al de los movimientos sociales, orientado sobre todo a pacifismo y ecosocialismo, que ya caracterizaba Iniciativa.
Pero si “vivir en paz con nuestro planeta” era el segundo punto del programa electoral de IU, el primero propulsaba el cambio de ley electoral, para que se “recupere el principio de proporcionalidad constitucional”, afirmaban.
El profesor de historia política Carlo Guarnieri subraya que: “es evidente que formaciones de este tipo para sobrevivir necesitan una ley electoral proporcional, posiblemente una ley que premie a quien tenga un apoyo muy difundido y generalizado en el territorio”.
Quizás el futuro de la izquierda europea sea el de convertirse en un catalizador de distintas voces y colores, con el objetivo de asociar a todos los movimientos sociales emancipadores.
A este respecto, el sociólogo, literato y ecologista español Jorge Riechmann afirma: “Este proyecto no puede renunciar a ningún color del Arco Iris. Ni el rojo del movimiento obrero, ni el viola de las luchas para la liberación de las mujeres, ni el blanco de los movimientos por la paz, ni el anti-autoritarismo negro de los libertarios y anárquicos y aún menos el verde de la lucha para un planeta habitable”.
Sin embargo, Pombeni añade, puede que con realismo: “El peor enemigo de estas formaciones es el fin del mito del progreso interminable y de la posibilidad de realizar cualquier utopía”.

La era Medvédev será un laboratorio

3 de marzo de 2008

Este domingo se han celebrado las elecciones presidenciales rusas, calificadas de “farsa” por la oposición, y cuya transparencia ha sido puesta en duda por los observadores internacionales. Dmitry Medvédev, 42 años, el hombre escogido por Vladimir Putin para sucederle, ha conseguido una holgada victoria, con un apoyo del 68%. Pero la incógnita sigue estando en saber si desplegará una política al margen de los dictados de Putin.

Francesc Serra, barcelonés, 45 años, es profesor de Relaciones Internacionales y Política Internacional Europea en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), miembro del Observatorio de Política Exterior Europea del Instituto Universitario de Estudios Europeos y profesor de la Fundación CIDOB. Autor de: “Rusia, la otra potencia europea” (Ed. Bellaterra; Barcelona, 2005) y “Chechenia, rompamos el silencio” (Ed. Icaria; Barcelona, 2008).

¿Han sido las elecciones de un país democrático?

Rusia no es exactamente un estado dictatorial, si no más bien un estado autoritario donde los procesos políticos están controlados, pero no se puede decir que haya un falseamiento de la que es la opinión política difundida en el país. El problema no es tanto el proceso electoral, como lo social, el control en la vida cotidiana y de los medios de comunicación.
Tanto en la Unión Europea como en los Estados Unidos hay medios de presión sobre la sociedad. En Rusia simplemente no hay mucha tradición democrática.
Sin embargo no apoyo la idea que se refiere a Rusia como a una ‘excepción cultural’. No es un país especial en el sentido que no puede aceptar la democracia. De hecho, era lo se decía también para España. Nosotros hicimos nuestro camino, como ellos tienen que hacer lo suyo.

¿Que será la Rusia de Medvédev?

Tengo la convención que la época Medvédev será un laboratorio. Putin ‘se toma unas vacaciones’, justo ahora que probablemente para Rusia llegan tiempos no muy fáciles. Porque nadie puede garantizar el precio del petróleo y una estabilidad social. Si va mal Putin salva la cara, y si va bien puede volver tranquilamente. Incluso puede volver también en caso de dificultad y tomar otra vez el papel de salvador de la patria. Ya ha anunciado que no se apartará de la política y acabará de primer ministro. Medvédev es un heredero directo y seguirá en la misma dirección, pero es otro. No olvidemos que muchas veces en política los propios elementos radicales se dan cuenta que su radicalismo es peligroso y nombran sucesores más moderados.
En España tenemos dos ejemplos: el Rey Juan Carlos por Franco y Rajoy por Aznar. Con lo cual se puede aprovechar de esta sucesión para moderar el régimen, para corregir algunos sistemas que pueden ser peligrosos.

¿Por qué los rusos quieren a Putin?

Putin tiene apoyo popular porque Rusia ha evolucionado positivamente. Ha crecido económicamente, se ha cohesionado socialmente y ha aumentado el orgullo nacional. Y sobre todo, venían de una época muy mala, la de Yeltsin, que para los rusos fue una era de venta de la patria, de perdida de soberanía, de corrupción. Era un estado fallido. No había capacidad de control del territorio. Necesitaba cohesión social. Era una sociedad que estaba dividida y deprimida. Rusia se ha recuperado porque no podía ir mas abajo. Ni bien llegó al poder, lo primero que hizo Putin fue controlar los medios de comunicación, lo segundo controlar los medios de producción, especialmente energéticos. Ha llegado a hacerse el dueño de las grandes empresas gasíferas y petrolíferas y esto ha sido muy popular. La impresión de la sociedad rusa fue que antes las empresas eran el Estado y ahora hacen parte del Estado.

La independencia de Kosovo. ¿Cual es la preocupación del Kremlin?

El hecho de mantener una posición firme en Kosovo y incluso la amenaza periódica del uso del armamento obedecen a la lógica de campaña electoral. De hecho en los últimos meses Rusia se había mostrado mucho más flexible y ahora han habido unas declaraciones de Putin más agresivas, que probablemente va a moderar después de las elecciones. Tendrá que adecuarse a la situación, de igual modo que España.

Chechenia. ¿Porqué Occidente lo tolera? ¿Quizás para conseguir el apoyo ruso contra del terrorismo internacional?

Si fuera sólo por los Estados Unidos tal vez se podría decir. En la primera guerra del 1994 hubo una condena de Occidente, pero fue claro que no se podía prescindir de Rusia y aceptar una condición de inestabilidad en los Balcanes. Ya en el verano del ’95, Occidente había moderado mucho sus posiciones. En la segunda guerra del 1999, Putin y Yeltsin antes de enviar sus tropas llamaron a las cancillerías occidentales y no hubo protesta, porque como dijo Condoleeza Rice: “una Rusia aliada es incómoda, pero una Rusia enemiga es peligrosa”. Chechenia representa para los rusos el concepto clásico de soberanía, o sea el derecho que tienen los estados a violar los derechos humanos en su propio territorio y en Rusia esto se cumple a rajatabla...
Rusia quería el petróleo del Mar Caspio y no es casual que justo cuando se firmó el contrato para el oleoducto, la vía sur hacia Turquía y el Mediterráneo, Yeltsin pudo enviar sus tropas a Chechenia. Por lo tanto también se hizo en nombre de Occidente. ¿A quien le importan 200.000 muertos cuando se consigue la estabilidad de todo el tercio septentrional del planeta? Lo mismo pasa con respecto a las ‘revoluciones coloradas’: Georgia y Ucrania tienen regímenes pro occidentales y si fuera por ellos ya serían parte de la Unión Europea. De hecho podrían dejar de depender de Rusia si a Occidente le interesara, pero aquí importa más la estabilidad rusa.

¿Qué escenario mundial ve para el futuro próximo? ¿Habrá cuatro superpotencias: Unión Europea, Estados Unidos, China y Rusia?

Creo que el mundo va por una multipolarización todavía más aguda. Ahora ya dudo que Europa se pueda convertir en una potencia unida. Será muy interesante ver como evolucionará la política estadounidenses si gana Obama, que representa un paradigma de novedad. China seguirá creciendo, pero no llegará a ser la potencia hegemónica. Y tendremos también a India que va a hacer un camino distinto de China, “no tan capitalista”… Además, potencias medias como Brasil, que ha encontrado yacimientos de petróleo en la costa de San Pablo que podrán quintuplicar la capacidad de producción del país, podrán competir con Rusia a medio plazo. De todas formas hay que decir que el petróleo es una materia agotable a breve término, a unos 20 años.

¿Entonces el renacimiento ruso se puede definir un poco miope?

En efecto, sí. Los oligopolios de las empresas de hidrocarburos perjudican la misma economía rusa, que se ve excesivamente dependiente por unos recursos poco estructurados y fiables. Ya después de la crisis del 1998 Rusia renunció a una reindustrialización del país, para convertirse en un estado petrolero. Esa no fue una política previsora.

"El ateísmo militante es el ateísmo consciente" Entrevista a Joan Carles Marset, vicepresidente de Ateus de Catalunya

Joan Carles Marset, 45 años, es el vicepresidente de Ateus de Catalunya. Una asociación sin ánimo de lucro y autofinanciada por sus propios socios, ya cerca 200, que nació en Barcelona en 1994. Su sede se encuentra en la calle Daoiz y Velarde, donde sus miembros se reúnen todos los jueves por la tarde. A través de la web www.ateus.org la asociación difunde sus comunicados e iniciativas, vigilando el nivel de laicidad de la sociedad catalana y española.
Joan Carles Marset trabaja como editor en la Universidad Autónoma de Barcelona, es un hombre de aspecto afable y maneras distinguidas, casi las de un cura de campo. Con natural familiaridad nos invita a un té.

¿Que objetivos tenéis?

Tenemos tres ámbitos de trabajo: la difusión del pensamiento ateo, la lucha por la laicidad del Estado y la defensa de la libertad de conciencia. Trabajamos por una sociedad nueva, más tolerante, consciente y respetuosa con las ideas y libertades individuales.

¿Con qué medidas?

Tratamos de utilizar los medios de comunicación, a través de conferencias, artículos y entrevistas. Además colaboramos con los partidos políticos para la elaboración de sus programas y de leyes, y participamos en celebraciones públicas con stands informativos.

¿Conseguís éxitos?

Hablar de éxitos concretos es difícil, porque significaría atribuirse el mérito exclusivo de procesos de evolución social muy amplios, que tienen numerosas y distintas raíces. Intentamos impregnar la sociedad de nuestras ideas. Hace unos años era muy difícil definirse en público como ateo, ahora ya no.

¿Hacéis proselitismo?

Nuestra vocación no es proselitista. En esto hay una diferencia fundamental con las religiones, cuyo objetivo es salvar a la gente. Nosotros no pensamos que haya que salvar a nadie de nada, ni tampoco convertir. El ateísmo militante simplemente es un ateísmo consciente.

¿Existe un derecho a la ignorancia?

Por supuesto. No estamos defendiendo sólo la libertad de conciencia de los ateos, sino la de todos los ciudadanos. Es perfectamente correcto que alguien elija una creencia religiosa, siempre que sea una elección libre y consciente.

¿Entiende a los padres no creyentes que bautizan a sus hijos para que no sean discriminados?

Desde el punto de vista individual lo respeto absolutamente. Nadie quiere ser discriminado ni, sobre todo, que lo sean sus hijos. Pero a veces uno se tendría que plantear hasta qué punto es cómplice de esta discriminación. Si todo el mundo calla y agacha la cabeza, llegará un día en el cual nadie podrá lamentarse de que no haya justicia.

¿Piensa que todos los ateos tendrían que apostatar?

Puedo entender que si no crees te dé igual estar bautizado o no. Sin embargo, la Iglesia se aprovecha de esta situación, afirmando que en España el 93% de la población está bautizada y subliminalmente, con esos datos, te sitúan en minoría. Pero es imposible verificar sus datos. En cambio, una encuesta del Ayuntamiento de Barcelona refleja que entre los 15 y los 29 años el número de creyentes es menor que el de no creyentes. Se está produciendo un cambio en la sociedad más rápido de lo que muchos pueden pensar. Internet ha acelerado este proceso, de hecho la Iglesia siempre ha tratado de impedir el acceso a la información, porque para ellos la gente no tiene que pensar, sino creer.

¿Usted apostató?

Sí. Lo hice sobre todo por coherencia personal y hacia mi hija a la que en su día no bauticé. Tampoco sería un problema para mí si, al llegar a la edad adulta, ella decidiese bautizarse, porque sería una decisión consciente. Quizás sería una decepción… pero un problema no.

¿La sociedad está preparada para vivir sin la promesa de una recompensa ultraterrena?

La sociedad no es homogénea, por supuesto. Sin embargo, la mayoría de los jóvenes ya no necesitan la religión para explicar y dar respuesta a sus necesidades. Y se dan cuenta de ello de forma casi inconsciente. No pienso que se trate un proceso evolutivo en sentido hegeliano, de una mejoría progresiva y continua. Pueden producirse pausas, o darse pasos atrás, pero la secularización es un hecho.

¿Y el presunto renacimiento de la espiritualidad, subsiguiente al 11-S?

Puede ser que haya un cierto resurgimiento de la espiritualidad, pero me parece más inducido por los políticos y los medios. El integrismo islámico está vinculado a la situación de pobreza y de agravio histórico. La religión siempre ha sido un factor de mantenimiento del status quo y ha favorecido la permanencia de las sociedades en la ignorancia, para que fuesen más manipulables.

Pero la Iglesia promueve muchas obras de caridad hacia los pobres.

Al margen de casos específicos, detrás globalmente hay un contenido ideológico. Las iglesias llegan a las personas a través de la caridad. Es una manera de conseguir la receptividad del mensaje que promueven. Sin menospreciar su trabajo, me parece más elogiable la postura de otros colectivos de la sociedad, como muchas ONG, que hacen lo mismo sin esperar nada a cambio, a parte de su propia autosatisfacción.

De hecho la primera encíclica de Benedicto XVI habla de caridad cristiana.

Sí, pero siempre habla de caridad y no de justicia social, porque para ellos la justicia social es negativa. Necesitan una injusticia social para mantener su influencia. Lo prueba la postura totalmente contraria a la Teología de la Liberación en América latina.

¿Qué diferencias ve entre Wojtyla y Ratzinger?

La línea ideológica es la misma. Wojtyla era un hombre más mediático y poco teológico, pero entonces ya era Ratzinger quien, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dictaba la orientación contra conciliar y conservadora.

La percepción extranjera de que el ejecutivo de Zapatero es un gobierno laicista. ¿Es correcta?

Yo diría moderadamente laicista. Al principio adoptó algunas medidas que podían hacer pensar en una orientación laicista. Aprobó la ley para el matrimonio entre personas del mismo sexo. Suprimió la ley de calidad de la educación del Partido Popular, que imponía la educación religiosa obligatoria en las escuelas. Pero todavía los profesores siguen siendo elegidos por los obispos.

¿Está de acuerdo con la posición francesa en el tema de los símbolos religiosos?

En Francia la ley no prohíbe los símbolos religiosos, sino la ostentación de éstos en las escuelas. Claro que es un criterio muy subjetivo, pero hay que reconocer su buena voluntad para evitar que las religiones ocupen el espacio público convirtiendo las escuelas en un campo de batalla confesional.

¿La Iglesia Católica tendrá un fin?

No lo sé, ni me preocupa. Si se dedicara solamente a la espiritualidad, sin ocupar los espacios propios del Estado, tendría todo el derecho a existir. Considero también legítimo que intente difundir sus postulados en la sociedad mediante los mecanismos propios de un estado democrático. Lo que no es legítimo es que se apropie de las estructuras, recursos y espacios de competencia exclusiva del Estado, que debe ser laico, para reforzar su posición.

¿A pesar de que la etimología sea negativa, hay una definición positiva de ateo?

Las religiones creen en algo. El ateismo no cree en algo, pero eso no significa que no tenga convicciones. Son dos modelos de interpretación de la realidad. Las religiones basan todo su discurso en una dimensión que está “más allá”, que nadie ha visto ni puede garantizar. En cambio nosotros decimos que el hombre tiene su vida en sus manos y que puede elegir su destino. Ésta me parece una visión totalmente positiva.

¿La muerte no le da miedo?

La muerte es una realidad como cualquier otra. Claro que puede dar miedo, pero hay que preocuparse de vivir, no de morir.

¿Considera la posibilidad de cambiar de idea?

Por supuesto que sí. Pero necesitaría disponer de pruebas y de un fundamento lógico. Un creyente cree sin explicación racional. Un ateo llega a sus convicciones por medio del razonamiento. Herman Hesse decía que la religión es un teatro mágico “no para cualquiera” y que la entrada sólo costaba la razón”. Yo no estoy dispuesto a esto.